A veces se nos olvida que el cuerpo no es una máquina, es el lugar donde vivimos.
Cierra los ojos e imagina el alivio de esa primera presión sobre el punto exacto donde más te duele.
Ese suspiro involuntario que vas a soltar cuando sientas que, por fin, puedes soltar el control.
Tu yo de mañana te va a agradecer que hoy hayas decidido dejar de cargar el mundo sobre la espalda.
Haz la cita. Te lo debes.